Editoriales R3i
Septiembre 2022
Riesgo cardiovascular residual: ¿es la apolipoproteína B el marcador preferente?
Prof. Jean-Charles Fruchart, Prof. Michel Hermans, Prof. Pierre Amarenco
Además del colesterol LDL, los lineamientos recomiendan el colesterol no HDL y la apolipoproteína B (apoB) como objetivos secundarios claves 4. Estos parámetros pueden permanecer elevados incluso cuando se alcanza el objetivo de C-LDL. Por ejemplo, en un análisis en el que se utilizaron datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición y el estudio Amplia Base de Datos de Lípidos, entre uno de cada siete y uno de cada 12 pacientes de alto riesgo con el objetivo de C-LDL (<70 mg/dl) tenían niveles elevados de colesterol no HDL y apoB, respectivamente 5. Por ese motivo, se propusieron los dos componentes como potenciales marcadores para evaluar el riesgo cardiovascular residual. Sin embargo, en los lineamientos sobre la dislipidemia de la Sociedad Europea de Cardiología/Sociedad Europea de Aterosclerosis de 2019, se concluyó que la apoB era una medida más precisa del riesgo cardiovascular y una mejor orientación para la idoneidad de la reducción de lípidos respecto del C-LDL o el C-HDL 4 .
De hecho, existe una fundamento científico que respalda esta propuesta. La apoB es el principal componente estructural de las lipoproteínas aterogénicas, incluidas las LDL, las lipoproteínas ricas en triglicéridos y sus residuos. Dado que solo hay una molécula de apoB en cada partícula de lipoproteína que contiene apoB, la medición de apoB sirve para cuantificar la cantidad total de partículas aterogénicas que contienen apoB. Por lo tanto, la apoB integra los marcadores de lípidos convencionales (colesterol total, triglicéridos, C-LDL y colesterol no HDL) en un solo índice. Los estudios epidemiológicos y los estudios de aleatorización mendeliana demuestran que la apoB comparada con el C-LDL o el C-HDL es un predictor superior del riesgo cardiovascular asociado con las lipoproteínas aterogénicas que contienen apoB 6-9. Estos resultados implican que la apoB puede ser el principal causal de la aterosclerosis y que la reducción de la concentración de todas las lipoproteínas que contienen apoB debería ser el enfoque principal de las estrategias terapéuticas para reducir el riesgo relacionado con las lipoproteínas.
Más allá de su utilidad como marcador de riesgo cardiovascular residual, la apoB también puede orientar la intervención terapéutica. Un análisis reciente de ODYSSEY OUTCOMES destacó ambos atributos 10. En este ensayo, se asignaron al azar a pacientes con síndrome coronario agudo reciente y niveles elevados de lipoproteínas aterogénicas (C-LDL ≥70 mg/dl [1,81 mmol/l], colesterol no HDL ≥100 mg/dl [2,59 mmol/l] o apoB ≥80 mg/dl) a pesar de estar recibiendo estatinas de alta intensidad y tratamiento con alirocumab o placebo. El riesgo de un episodio cardiovascular grave (MACE) no solo aumentó progresivamente a medida que crecían los niveles de apoB iniciales (en un 11 % por cada incremento de 10 mg/dl en la apoB inicial), sino que los pacientes con los niveles más bajos de apoB durante el tratamiento alcanzaron mayores reducciones relativas y absolutas en los MACE a los 4 meses. Esta relación entre los niveles de apoB alcanzados y el beneficio clínico absoluto fue superior a la observada con los niveles de colesterol LDL o no HDL 10.
En conjunto, la evidencia acumulada establece la importancia de la apoB en la evaluación del riesgo residual relacionado con las lipoproteínas. Desde la perspectiva de la clínica, la pregunta es cuál es la mejor manera de integrar este conocimiento en la práctica habitual. La medición de apoB ahora puede realizarse fácilmente, es económica y está comprobada, no requiere un análisis de sangre en ayunas y puede incorporarse habitualmente en los lipidogramas clínicos 11. Hay argumentos claros para que los lineamientos reconozcan y respondan a esta evidencia, y que la medición de apoB pueda adoptarse de forma habitual en la práctica clínica..
Referencias
- Sabatine MS, Giugliano RP, Keech AC, et al. Evolocumab and clinical outcomes in patients with cardiovascular disease. N Engl J Med 2017; 376:1713–22.
2. Schwartz GG, Steg PG, Szarek M, et al. Alirocumab and cardiovascular outcomes after acute coronary syndrome. N Engl J Med 2018 379:2097–107.
3. Honda S, Puri R, Anderson T, Kastelein JJP, et al. Determinants of plaque progression despite very low Low-density lipoprotein-cholesterol levels with the PCSK9 inhibitor, evolocumab. JACC Cardiovasc Imaging 2021;doi: 10.1016/j.jcmg.2021.11.014.
4. Mach F, Baigent C, Catapano AL, et al. 2019 ESC/EAS guidelines for the management of dyslipidaemias: lipid modification to reduce cardiovascular risk. Eur Heart J 2020;41:111-88.
5. Sathiyakumar V, Park J, Quispe R, et al. Impact of novel low-density lipoprotein-cholesterol assessment on the utility of secondary non-high-density lipoprotein-C and apolipoprotein B targets in selected worldwide dyslipidemia guidelines. Circulation 2018;138:244-54.
6. Sniderman AD, Thanassoulis G, Glavinovic T, et al. Apolipoprotein B particles and cardiovascular disease: a narrative review. JAMA Cardiol 2019;4:1287-95.
7. Johannesen CDL, Mortensen MB, Langsted A, Nordestgaard BG. Apolipoprotein B and non-HDL cholesterol better reflect residual risk than LDL cholesterol in statin-treated patients. J Am Coll Cardiol 2021;77:1439-50.
8. Marston NA, Giugliano RP, Melloni GEM, et al. Association of Apolipoprotein B-containing lipoproteins and risk of myocardial infarction in individuals with and without atherosclerosis: distinguishing between particle concentration, type, and content. JAMA Cardiol 2022;7:250-6.
9. Ference BA, Kastelein JJP, Ray KK, et al. Association of triglyceride-lowering LPL variants and LDL-C-lowering LDLR variants with risk of coronary heart disease. JAMA 2019;321:364-73.
10. Hagström E, Steg PG, Szarek M, et al. Apolipoprotein B, residual cardiovascular risk after acute coronary syndrome, and effects of alirocumab. Circulation 2022 Jun 30:101161CIRCULATIONAHA121057807. doi: 10.1161/CIRCULATIONAHA.121.057807.
11. Langlois MR, Nordestgaard BG, Langsted A, et al. Quantifying atherogenic lipoproteins for lipid-lowering strategies: consensus-based recommendations from EAS and EFLM. Clin Chem Lab Med 2020;58:496-517.
